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“El guardián de la Puerta”

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Puede que el título de pie a pensar que voy hablar de mundos fantásticos o de magia, pero no es así…o tal vez sí. Porque esto va de la magia de la vida, de las pequeñas cosas, del respirar, del caminar, del sentir, del vivir, de tomar decisiones…eso es magia pura, magia divina.
Siempre he dicho que cuando tomamos la decisión de salir de nuestra horizontalidad y crecer en vertical, ya no hay marcha atrás. Nos podremos tomar un descanso porque las prioridades o circunstancias de nuestra vida nos lo demandan, pero ya se encargará la misma vida de avisarnos que tenemos que continuar con ese crecimiento, y lo puede hacer por las buenas; una y otra vez nos lo irá recordando con pequeños detalles animándonos a seguir y si no le hacemos caso, vendrá a recordárnoslo con un toque algo más dramático. Si hemos aprendido en nuestro camino advertiremos las pequeñas señales, si no es así quizás lo hagamos por lo dramático, o puede que ni con esas. Entonces nos pasaremos gran parte de nuestra vida amargados en esa horizontalidad que por miedo o comodidad hemos decidido mantener.
Ahora me doy cuenta de que lo peor que le pueden decir a uno cuando nos encontramos con algún conocido después de mucho tiempo sin vernos es que “nos ve igual” que “no hemos cambiado”. Mala historia, mi vida es plana si me dicen eso.
El taller de kundalini yoga que se realizó ayer no ha venido a removerme algo que tuviera escondido, sino a recordarme que lo que estoy haciendo está bien. Que las decisiones que estoy tomando, para bien o para mal, están bien. Y que los cambios que estoy tomando en mi trabajo, también. La energía que se trabajó fue la del invierno, la relacionada con los miedos, los estancamientos y bloqueos producidos por miedo a lo desconocido, a tomar decisiones.
Ya hablaré en otro momento de decisiones cruciales que he ido tomando últimamente, hoy quiero hablaros de otra cosa, de los guardianes de las puertas.
Tuvimos dos horarios de yoga debido a la aceptación del taller, uno de mañana y otro de tarde. Yo me incorporé al de la tarde y por la mañana actué como “la guardiana de la puerta”. Es decir, como la dueña del centro, atenta a todos los detalles, a la puntualidad, a que hubiera agua, papel higiénico en el baño, caramelos para la tos, cosas tan simples como que los móviles estuvieran apagados a pesar de que se dejen en los vestuarios…cosas así.  24272439-tailandesa-mitologia-guardian-estatua-en-el-templo-del-buda-esmeralda-de-bangkok-tailandia
Pero ¿qué es un guardián de la puerta? Suena a mitológico, pero está en nuestro día a día y todos actuamos como guardianes de alguna puerta en un momento determinado a lo largo del día. Una madre que se ocupa de que la mesa o la casa esté preparada para cuando su familia o invitados lleguen a comer, un celador en la puerta de un hospital cuidará de la adecuada recepción de los enfermos, el recepcionista de un hotel de la llegada de los clientes, el bedel de un colegio del orden en los pasillos o en el patio, un conserje en la sala de cine, un militar en la puerta del cuartel, incluso las Escrituras nos hablan de un guardián en las puertas del infierno y otro en las del cielo…..todos somos guardianes de alguna puerta en un momento determinado y de mantener el orden adecuado para que todo marche como debe ser, para que la excelencia tenga lugar.
Hace unos días ocurrió un pequeño incidente en el centro de yoga respecto a cómo debe ser la actitud de un alumno en la clase de yoga y bajo qué circunstancias es mejor dejar de venir un día determinado por alguna circunstancia en concreto.
Como “guardiana de la puerta” de ese espacio de yoga, estoy atenta a detalles tan pequeños que para algunos que vienen “de fuera”, entiéndase esto de la actividad diaria, les pueden parecer excesivos y pueden sentirse molestos o no deseen aceptar las normas porque las ven “muy serias”.
En alguna otra ocasión, después de algún incidente parecido he podido cuestionar mi actitud, pero esta vez, tenía el convencimiento de que estaba haciendo lo correcto y no me sentí mal en ningún momento, tenía la certeza de que había hecho lo correcto, porque una vez entro en mi papel de profesora de yoga, no soy “amiga” de nadie. Soy la persona en la que se confía para tener un momento de paz, para mejorar el estado de ánimo, para aliviar alguna molestia en concreto, etc. etc.
Mi papel es el de cuidar hasta el más mínimo detalle para que todos los que vienen a su práctica de yoga, salgan de la clase con la actitud cambiada, con la sensación de haber vivido un momento de paz, tranquilidad y de toma de conciencia, o como mínimo de toma sensorial-corporal.
El papel de “un guardián de la puerta” es poner límites, ordenar, hacer que los horarios se cumplan, que la actitud sea la correcta, que el profesor o profesora invitad@ no se sienta agobiad@ y si se da el caso llamar adecuadamente la atención a dicho invitad@ si está tratando un tema que no corresponde con el taller en cuestión.
No es nada fácil actuar como guardián, pero es una decisión que hay que tomar de forma consciente, con el corazón; para que no entre aquello que no debe de entrar y el taller de ayer me ayudó a reafirmarme en ese papel cuando actúo como tal. Me hizo consciente de que a lo largo del día, de la semana, de los meses….tengo que elegir entre los varios papeles que la vida me va poniendo por delante, me gusten más o menos, tenga o no miedo a realizarlos por el qué dirán o el qué van a pensar….y que tengo que seguir creciendo en vertical.
Gracias de nuevo Sat Dharma Singh por venir a “re-cordarme” cosas que en la vorágine del día a día se van olvidando, y gracias a todos aquell@s que con su asistencia a los talleres y a las clases me van ayudando en este camino.
María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga

YOGA, con mayúsculas…..

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Hay muchos tipos y formas de yoga, ya lo sabemos, y más que saldrán para ir conformando a todos aquellos que piensan que todo puede innovarse. Y no digo que no sea así, hay ciertas cosas que se tienen que ir adaptando a los tiempos, pero no por innovar hay que perder la esencia ni la perspectiva. Siempre he dicho que YOGA, así con mayúsculas solo hay uno, por muy diferentes nombres que se le pongan dependiendo del Maestro o Gurú, porque la meta es la misma pero por diferentes caminos.
Pero hoy no quiero hablar de los diferentes tipos de Yoga, sino de la forma que tenemos en general, de hacer yoga.
Porque puedo realizar Yoga con mayúsculas, y yoga así, con minúsculas. ¿Cuál es la diferencia?….
Tengo diferentes grupos de yoga y cada uno de ellos mueve energías distintas, y a pesar de que las clases para uno y otro grupo son las mismas no todos reciben lo mismo, porque aquello “de que lo semejante se atrae y de que cada uno obtiene lo que viene buscando”, es una verdad que aquí como en otras cosas se hace muy patente.
Aquí como en cualquier otra actividad grupal, existe el alumno conflictivo, el protestón, el revotado, el listillo, el introvertido, el extrovertido, el conciliador….La magia ocurre cuando en la práctica, cada uno deja de ser una unidad y se transforman en grupo, es ahí donde la energía se tansforma y se comienza a trabajar en vertical y no en horizontal, que es donde nos movemos práctica y asiduamente. Es trabajando en grupo cuando el profesor percibe como se van produciendo los cambios, pero lo mejor es cuando el propio alumn@ lo percibe y comienza a “sentirse y vivirse”.
Crear grupos dentro de un grupo u horario de yoga, es nocivo, tanto para el profes@r como para el propio alumn@. La energía se estanca, no crece, y la práctica se vuelve espesa, ya no es Yoga, es simplemente yoga. Y si el grupo no crece, el profes@r tampoco lo hace, y la enseñanza se vuelve difícil, pierde el atractivo y no se puede transmitir más allá de lo que la masa desea.

 

Hacer Yoga con mayúsculas es venir tranquilo, olvidarse del móvil una vez se entra en el Centro. Cambiar el tono de voz, cambiar la actitud.

 

Hacer Yoga con mayúsculas es ser capaz de cambiar mi lugar en el salón para realizar la clase; ser capaz de ver “las cosas” con perspectiva diferente. El decir que si cambio de sitio en el lugar donde realizo mis sesiones de yoga, no me centro o no me sale bien el yoga, dice poco de lo que voy consiguiendo en mi práctica.

 

Hacer Yoga con mayúsculas es venir abierto a lo que el profes@r ofrece y transmite, y no venir con “mis exigencias”. Si no me gustan los ejercicios respiratorios o Pranayama, o si no me gusta la meditación, mejor me olvido del Yoga y salgo a caminar.

 

Hacer Yoga con mayúsculas no es salir de la sesión, llegar al vestuario y entablar conversaciones como si estuviera en un bar, a voz en grito. Es salir percertiv@, observando, sintiendo y disfrutando de lo que he conseguido con mi práctica y poder llevarla conmigo en mi vida durante los siguientes días.

 

Hacer Yoga con mayúsculas es un camino, una actitud, una disciplina, un estar abierto a todo, sino es así mejor buscar un gimnasio donde practiquen yoga en lugar de un Centro especializado en Yoga.

 

Hacer Yoga con mayúsculas implica mucho más que dos o tres sesiones semanales en las que no voy consiguiendo ni mejorar la postura por mucho que el profesor@ me insista, porque estoy bien como estoy, es intentar bucear un poco más en actividades relacionadas con el Yoga, asistir a talleres, encuentros, actividades de otros profesores, acudir al encuentro de un Gurú cuando se nos pueda presentar la oportunidad….es Crecer.

 

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga

Pratyahara…el quinto peldaño.

 

monjePara poder acceder a los niveles sutiles del yoga, tenemos que haber adquirido una cierta maestría con las técnicas anteriores y que ya fuimos describiendo anteriormente, pero también es necesario haber trabajado con el cuarto paso en este camino de evolución o conocimiento del yoga: el Pratyahara, que es la retracción o el retiro de los sentidos, llevarlos hacia adentro, aislarnos del torbellino de las emociones y pensamientos.
Los maestros de yoga advierten que para que la práctica del Pratyahara se pueda conseguir con éxito, el cuerpo tiene que estar libre de drogas, alcohol, tabaco y carne; haber realizado asanas y pranayama para así purificar el cuerpo y nuestras percepciones.
Hay personas que tienen más o menos afinidad con los medios a través de los cuales percibimos. Hay personas que se “alimentan” sensorialmente por medio del oído, otros a través del gusto, otros de la vista, otros del tacto…va a depender de nuestro carácter. En el Pratyahara lo que se intenta no es eliminar nuestras sensaciones o sentimientos, sino transmutarlos para que no nos dominen y se hagan dueños de nuestros actos. Aquí se toma contacto con ellos y se transforman en algo positivo. Como una vez me dijo un maestro: “Las emociones y sentimientos son energía con una intención que nos obstruye, y que una vez transformados seguirán siendo energía, pero con una intención que nos permitirá la liberación de ellos”.
Cuando aprendemos a liberarnos de las emociones que nos producen ciertos acontecimientos ( que insisto, no se trata de suprimirlas), podremos desvincularnos de ellos y observarlos a voluntad como ajenos a ellos, aprovechando su energía para ampliar nuestra conciencia y lograr que sea más plena, intensa y profunda.
Resulta que en occidente, debido a nuestro carácter y forma de vida, necesitamos de técnicas más específicas que nos ayuden a llegar a este punto que comentábamos de ampliación de la conciencia llamado Pratyahara. Y para ello está lo que en yoga se conoce como “ekagrata”. La ekagrata es la concentración en un solo punto, concentrarnos totalmente en un punto u objeto determinado y observar nuestro estado de ánimo y las variantes que se producen en nuestro estado mental y emocional. Esta concentración en un solo punto, que puede ser sobre un objeto o acontecimiento ocurrido nos permitirá una mayor lucidez sobre todos los aspectos de nuestra vida y sobre las situaciones que nos vayan ocurriendo. La ekagrata sería como el primer paso para llegar a un Pratyahara más pleno.533530_511263982237719_1283169583_n
Una vez que hemos conseguido esa concentración sobre un punto, el segundo paso a seguir es la plena conciencia de nuestros pensamientos que siempre manifestamos a través de imágenes, soliloquios, tragedias y alegrías pasadas o futuras…debemos armonizar nuestros pensamientos para armonizar nuestras emociones, ya que la energía emocional es más sutil y desgraciadamente, en occidente, más desconocida. Para armonizar nuestros pensamientos debemos observarnos en nuestro día a día desde que nos levantamos hasta que volvemos a dormir, deteniéndonos siempre a observarnos, mirarnos y escucharnos en aquellos momentos de más intensidad. Este “estar presente” en cada reacción a los acontecimientos cotidianos, permite que nuestra mente se vaya disciplinando y nos ayudará a saber cómo se va entretejiendo nuestra vida en un sinfín de acontecimientos, que no es ni más ni menos que el resultado de unas tendencias que nosotros mismos vamos imprimiendo. No volvemos observadores de nuestro propio pensamiento, y esto es importante: no se trata de pensar nuestros pensamientos, sino de observarlos.
Como nuestros pensamientos son más sutiles que nuestro cuerpo físico, al observarlos sin enjuiciarlos ni reprimirlos, poco a poco se van calmando, adquieren un ritmo, se van armonizando y al ser todo un reflejo de todo, cuerpo y mente se irán armonizando, las fronteras se irán desvaneciendo.

 

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga

Asanas..tercer paso

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Algunos estudiosos le asignan al yoga una antigüedad que puede fluctuar entre los 3000 y 5000 años antes de Cristo, pero no se constata en ningún tratado de esta época que la asana tuviera un papel predominante dentro del Yoga. Fue con el advenimiento del denominado Hatha Yoga en el siglo XVI d. J.C. que la asana comenzó a tomar un papel protagonista. Aparecen los llamados manuales de Yoga: Hatha Yoga Pradipka, Geranda Samhita, Shiva Samhita, Gorosha Shataka…donde la asana (postura) y el pranayama (respiración), se plantean como elementos independientes del método de los ocho pasos o miembros planteados por Patanjali, como capaces de alcanzar por sí mismos la liberación.
Un proverbio yoghi reza “no hay Raja Yoga sin Hatha Yoga, ni Hatha Yoga sin asana”, subrayando la importancia de la postura dentro del método del Yoga.
Es con la práctica de las asanas o posturas, cuando comienza realmente la técnica del Yoga. Los yoga-Sutras las definen como ”estable y agradable”. El número de Asanas es inumerable y sus descripciones se encuentran en los tratados de Hatha-Yoga, y aunque podamos leer o ver en los libros como es una Asana, estas se aprenden a través de un maestro o gurú y en su defecto por un profesor experimentado, pero no por vía de la descripción.
Lo más importante en la práctica de las posturas es que van proporcionando al cuerpo estabilidad con un mínimo esfuerzo. Al principio de la práctica, las posturas nos pueden resultar incómodas e insoportables de mantener, pero poco a poco nuestro esfuerzo va encontrando su recompensa y se vuelve mínimo, siendo ese el objetivo…que el esfuerzo desaparezca para facilitar la concentración.
Cuando empleamos la palabra “estable” en las posturas, nos referimos a inmóvil, a la cesación de todo movimiento, sea voluntario o involuntario…tics, bostezos, parpadeos, acomodarse el pelo o la ropa, deben desaparecer, es inmovilidad absoluta. Solo desde ahí el practicante puede llevar toda su atención a lo que la postura le está transmitiendo, hacia donde “se dirige” la respiración” en la asana que está practicando y desde esa atención, concentración y “estar” ir avanzando en la técnica y en la práctica.
Otro punto necesario a tener en cuenta para una correcta práctica sería evitar la ingesta de alimento cuando vayamos a practicar yoga, y en caso que se haya de hacer que sea mínima la cantidad.
El lugar de la práctica debe de ser el adecuado. Siempre he dicho y me ratificaré toda la vida en ello, que un gimnasio, un centro deportivo o cultural, sea cual sea su definición, no reúne los requisitos para una buena práctica del Yoga. Debe ser un espacio alejado del ruido y cálido, en el que el profes@r no deba gritar para hacerse entender por los alumnos.
En el Hatha Yoga hay dos niveles, uno físico en el que intentamos superar nuestras limitaciones corporales y otro mental, ya que hay veces que la limitación y los miedos existen más en nuestra mente que en cualquier otro aspecto. Una actitud positiva hacia las posturas que nos son más incómodas nos pueden ayudar a ir evolucionando en ellas.
Lo importante de una correcta práctica de nuestras asanas, es que proporcionarán al cuerpo estabilidad, percepción corporal, higiene postural, reducirá esfuerzos musculares y evitará esa sensación de fatiga y enervamiento de ciertas partes de nuestro organismo. Regularán los procesos fisiológicos y nos permitirán un mayor “bien-estar” con nuestro cuerpo.
Este no es un camino fácil, ya he dicho y escrito en repetidas ocasiones, que el yoga es un camino, y no el ahora voy y mañana dejo de ir porque “me surge un no sé qué”. Quien realmente desee un cambio, tiene que empezar por eso mismo….por el cambio ante muchas barreras autoimpuestas, miedos y porqué no, prioridades equivocadas.

María José Rodríguez Pujante. Profesora de Yoga

Niyama…segundo paso.

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NIYAMA
Para poder evolucionar y crecer conscientemente, no sólo debemos progresar físicamente con las asanas, sino que debemos tener así mismo un progreso mental, emocional y espiritual, pero todo esto debe ser acompañado con una base moral, sin la cual ningún progreso podrá alcanzarse.
Todos los sistemas orientales hacen incapié en la necesidad de un adiestramiento no sólo físico, sino a todos los niveles del ser humano. Y dentro del yoga, el comportamiento ético y moral está representado por los dos primeros pasos, Yamas, del que hablamos anteriormente y el Niyamas.
Para algunos Maestros, el Yama son contenciones (no matar, no mentir, no robar, abstinencia sexual y la no avaricia), mientras que el Niyama son disciplinas corporales y psíquicas, que el yoguin debe practicar junto con el Yama.

Hablemos de las disciplinas que componen los Niyamas
SAUCHA, que significa limpieza, pureza es el primero de los niyamas. Y eso implica no solo la higiene corporal, sino también a los buenos sentimientos y las ideas nobles, la sinceridad hacia uno mismo y hacia los demás. Mientras el baño y la higiene personal constituyen la limpieza externa, la práctica de asanas (posturas) y el pranayama (respiración) nos ayuda a limpiar nuestros órganos de toxinas e impurezas y nuestras mentes de las ideas impuras.
SANTOCHA, contentamiento. Se refiere a encontrar la felicidad en lo cotidiano, encontrar el lado bueno de las cosas, aunque bien es verdad que cuando la vida es grata con nosotros, esto es fácil, pero es ahí, cuando las cosas no son como las esperamos cuando se debe aplicar Santocha. Se trata de aceptar lo que está ocurriendo, pero no de RESIGNARNOS A ELLO, sino buscar en lo que está ocurriendo en ese momento, qué enseñanza debemos sacar y quizás qué es lo que debemos de cambiar. Todos los instantes que vivimos nos ofrecen la posibilidad de aprender y crecer, sabiendo desde lo más profundo que son solo eso…instantes.
TAPAS austeridad, disciplina. Suprimir lo supérfluo y que no nos conduce a nada Pero ante la palabra disciplina muchos abandonan, ya que la asociamos a un “deber, obligación” y nada más lejos dentro de la filosofía del yoga; aquí la disciplina viene del apasionamientos que el practicante siente por su crecimiento, es algo que viene “de dentro”. Cuando este tipo de disciplina interior se va asentando en nosotros, aquello que decidamos realizar o emprender estará acompañado por una firme voluntad. Si se quiere producir un cambio efectivo en nuestra vida, debe entrar en funcionamiento nuestra voluntad, ella es la combinación de la mente y la acción, la dirección consciente y la templanza de los deseos. La voluntad es el cambio conscientemente controlado. Su misión consiste en superar la inercia. La energía crea energía debido a la presencia de un impulso y éste es el de la voluntad que ha iniciado el movimiento y requiere la intervención de la consciencia. Corresponde a nuestra inteligencia del determinar cuál es el camino que nos corresponde a nuestra voluntad la misión de perseverar en el mismo y eso solo se consigue con disciplina.
SVADAYAYA auto estudio. El estudio de uno mismo, pero más allá de la intelectualidad y la razón. Implica ir tomando conciencia de nuestro cuerpo, qué nos dice, cómo los sentimos, mantener conversaciones con él y observar que le molesta y perturba. Estudiar nuestras emociones, nuestra mente y espíritu. Conocernos realmente, desde dentro. Saber donde proyectamos y hacia quienes lo hacemos, donde delegamos responsabilidades, conocer nuestros miedos, nuestras sombras….
ISVARA PANIDARA: La confianza en la vida. Es difícil esto en los tiempos que estamos viviendo, pero si somos realistas, no es una época peor que otra, es diferente, y cada momento en la evolución de las culturas ha habido y habrán altibajos, y todos, todos han pasado y el planeta y los que lo habitan han crecido un peldaño. Todo aquello que nos está sucediendo ocurre por algo que no es necesariamente malo, aunque lo percibamos así. Dejemos claro que tampoco se trata de sentarnos a esperar lo que la vida nos va trayendo, hay que ayudarle con el estudio, la observancia, el sentir y el actuar, pero dando gracias de que día a día se nos está dando una oportunidad para ir creciendo y que en el lugar que estamos es el correcto para ello, confiemos en nosotros, confiemos en lo que la vida nos tiene reservado.

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga

Primer paso: Yamas

 

201044_457870477606099_1542770185_oDentro de la tradición más antigua, Yoga es la unión de lo humano con lo divino, o la unión del Ser con la persona humana, y ha de realizarse por la vía de la conciencia, y como decía el maestro Marcelli: ”… y como la conciencia es producto del conjunto de experiencias del alma, el Yoga desarrolla las facultades de la persona humana para que tenga experiencias finas y profundas, y con ellas poder nutrir el alma”.
El verdadero trabajo del Yoga, ha de darse entre el Gurú, un auténtico Maestro, que no un profesor, y el discípulo, pero cada vez que alguien alcanza éxito dentro del mundo del yoga, surge quien quiere participar de ese éxito y forma una escuela o línea de yoga con un Gurú al frente y sus discípulos, que le ponen un nombre al estilo de su Maestro y así parece que ha surgido un nuevo yoga, cuando lo que ha ocurrido es que ha surgido una nueva línea de hacer lo mismo.
Ya se habló en otros artículos de que no todos nos acercamos ni deseamos los mismos estilos de yoga, hay quien se acerca al yoga a través del Hatha yoga, o bien del Karma yoga, Gnani yoga o tal vez del Bakthi yoga, estos cuatro caminos que para que realmente sean bien aprovechados han de converger en el Raja Yoga.
Dentro de todas estas corrientes y estilos, el yoga permanece siempre fiel a sus constantes universales y sus leyes fueron compiladas por Patanjali en su obra Los yoga Sutras.
Los Yoga sutras, están metodizados en ocho etapas (Asthanga Yoga) y el seguimiento de estas etapas en nuestra práctica y día a día, nos llevan al Raja Yoga.
El primer paso sería el YAMA, y viene a ser la etapa de la purificación o limpieza, y contiene cinco apartados:
AHIMSA: no matar o violentar. En realidad no podemos vivir si matar, ya que nuestra alimentación es carnívora. Se trata de no matar si no es necesario, el acaparar alimentos sin medida es una forma de violencia hacia nuestro entorno y hacia nosotros mismos. No voy a entrar aquí en temas de alimentación, ya sabemos que debemos de ser cuidadosos con lo que entra en nuestro estómago, porque de lo que comemos obtenemos la energía con la que crecemos y evolucionamos. Yama nos dice que también hemos de purificar el alimento de nuestra mente, de forma que también hemos de ser cuidadosos con lo que entra en nosotros a través de nuestros ojos y oídos ya que la energía que obtenemos de los alimentos la complementamos con las impresiones que recibimos de nuestro ambiente, de nuestros sentimientos, afectos, impresiones… Lo vulgar, procaz, corriente, embota nuestra capacidad moral y es una forma de violencia hacia nosotros mismos.
Ahimsa tampoco es ser impasible ante las injusticias o no defender lo que haya que defender, sino de tener cuidado, observar como lo hacemos. Es el cuidado y respeto hacia todo, pero sobre todo hacia nosotros mismos.
SATYA: no mentir. Es imposible vivir sin mentir, pero hay muchos tipos de verdad, y la nuestra no tiene por qué ser la única. Debemos estar dispuestos a vivir nuestra verdad, pero también a respetar la de los otros y que no tiene por qué ser la nuestra. Pero la peor forma de mentir es la que nos hacemos a nosotros mismos, cuando nos ponemos todo tipo de excusas para mantenernos dentro de “nuestra zona de confort” y no permitir que nuestra alma o nuestra conciencia continúe evolucionando.
BRAHMACHARIA: celibato. Este paso es algo difícil de entender dentro de nuestra sociedad, y como sería bastante amplio de tratar, baste decir que se trata del control de nuestra sexualidad, de nuestra energía creadora. El trabajo de la sexualidad debe darse en un nivel físico, emocional y mental, tres aspectos, que junto con los tres de mi pareja suma seis (sex-dual= sexualidad) y esto se trabaja con una relación estable y continuada.
APARIGRAHA: La no codicia. No se trata de ser pobre por el hecho de no ser codiciosos, sino en utilizar aquello que nos es necesario para vivir, evitar lo superfluo. Vivimos en una época en la que hay cantidades ingentes de cualquier cosa, alimentos, ropas, automóviles, electrodomésticos….almacenamos por almacenar, por si acaso….una codicia que está arrasando con nuestros recursos. Aparigraha nos habla de utilizar lo que nos haga falta para sacar las experiencias necesarias para nuestro crecimiento y después dejarlas para que puedan ser utilizadas por otros.
ASTEYA: No robar. No robar ningún tipo de bien material, pero también inmaterial: tiempo, energía, etc. este tipo de robo es muy común en nuestros días. Personas que se acercan a nosotros a pedirnos ayuda, pero que realmente lo único que desean es hablar y hablar sobre su mismo problema constantemente. No desean solución, solo que se les atienda y escuche cada vez que ellos lo deseen, sin importarles si están ocupando nuestro tiempo. Siempre vendrán con las mismas historias, conversaciones, problemas… son los llamados “vampiros energéticos”. Nos roban el tiempo e incluso la energía. Cuando alguien así se acerca a nosotros lo mejor es prestarles atención solo una vez, si no desea solución, lo mejor es apartarnos y no dejarnos robar.
Hasta aquí el primero de los ocho pasos que nos propuso Patanjali para una mejor realización y vivencia del Yoga, continuaremos con más…..
María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga.

Actitud correcta…….

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Poco a poco se acerca Septiembre y Agosto comienza alejarse, y con él las vacaciones, el tiempo libre, el no hacer nada y disfrutar de todo, pero yo qué queréis que os diga, ya tengo ganas de volver a poner cierto orden en mis horarios y en mi día a día, aunque bien es cierto que echaré de menos el poder dedicar tiempo a lo que me gusta.
Pero bueno aquí estamos de nuevo dando información a todos aquellos que se acercan por primera vez al yoga sobre cuáles son sus beneficios, qué van a conseguir, si se van o no a relajar, si van o no adelgazar y mil preguntas más que por mucho que intente responder no van a servir de nada si no se tiene la ACTITUD correcta. Nos acercamos al yoga porque hemos oído que a fulanita le ha ido bien, porque me lo ha dicho el médico, porque me comen los nervios, porque no puedo dormir y otras mil batallitas más…
Algunos preguntan y preguntan incluso cosas que no tienen nada que ver con el yoga, y sé que ni lo intentarán porque cuando  si uno está realmente decidido a practicar esta disciplina y está interesado en mejorar su calidad de vida o crecer como ser humano, no necesita recomendaciones de nadie ni que a su amiga le haya ido bien.
Yo les diría a todos estos posibles o imposibles practicantes, que primero se preguntaran así mismos que es lo que realmente buscan. Que intenten conocer qué desean cambiar en su vida y si están dispuestos a ello. Que intenten averiguar cuáles son sus patrones de conducta, emocionales, mentales, etc., que les ha llevado a lugar donde se encuentran y en el que no se sienten cómodos. Porque cuando comenzamos esta práctica y lo hacemos desde la concienca, el respeto y con disciplina hacia nosotros mismos, comenzaremos a reconocer esos patrones y esas actitudes que tenemos ante la vida. La práctica del yoga nos puede sacar de la rutina de la prisa y del hacer las cosas “por hacer”. Nos va a poner “ante nosotros mismos”, y puede que eso no nos guste. El simple hecho de permanecer inmóviles en determinadas posturas, en silencio y concentrados, ya nos va a suponer un reto en muchos casos insalvable, y entonces nos sabotearemos con cualquier excusa.
En mis años como profesora he observado que cada grupo mueve su energía, pero en todos, y por diferentes que sean sus miembros se repiten los patrones de conducta. El silencio y la inmovilidad hacen surgir dichos patrones. El alumno que es competitivo, siempre está en lucha contra sí mismo y contra los compañeros; el que es acelerado, no tolera estar inmóvil en las posturas y siempre estará moviendo o colocándose algo; el despistado nunca recordará como realizar una postura por más que la practique ya que mentalmente está en todas partes menos en clase; el controlador y desconfiado permanecerá toda la sesión con los ojos abiertos para controlar que sucede a su alrededor; el perezoso no dura un mes, o bien con cualquier excusa evitará avanzar en las posturas…Todo dependerá de los patrones de conducta que tengamos, y la práctica del yoga los refleja en nuestras sesiones.
Desde mi experiencia, he observado que pocos, muy pocos mantienen una actitud correcta para poder sentir y vivir el yoga, por lo que nunca entenderán ni podrán beneficiarse de todo lo que su práctica puede aportar en nuestra vida.

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Desde aquí puedo aconsejar ciertos pasos a seguir por si puede servir de ayuda:
Intentar entrar a clase como a un lugar sagrado. Permanecer los minutos que faltan para el comienzo de la clase en silencio y recogimiento, nos ayudará a calmar la respiración y los ajetreos mentales y comenzar más integrados nuestra sesión.
La respiración será el conductor de toda nuestra práctica. A través de ella percibiremos y sentiremos todo lo que va ocurriendo en nuestro cuerpo, porque es ella la que ayuda a mantener atenta a nuestra conciencia. Nos ayudará a sentir hacia qué sitios de nuestro cuerpo se dirige el beneficio de cada postura, con una práctica y respiración adecuada podremos sentir cómo la energía se concentra en un lugar determinado de nuestro cuerpo.
No se debe menospreciar los Yamas y Niyamas, ya que son las llaves para obtener ese cambio que deseamos en nuestra actitud ante las cosas. Hay que aplicarlos en la vida diaria, poco a poco, sin agobios, y observar como respondemos al intentar aplicarlos en nuestro día a día. Acceder a cursos, talleres o leer temas relacionados con el yoga y su mundo, teniendo cuidado de donde nos metemos, porque aunque el yoga no es una secta, muchos sí terminan transformándolo en algo parecido.
Llevemos cuidado con “los nuevos yogas” con nombres atractivos y que resulta que le ha ido muy bien a la famosa de turno. El yoga es YOGA sin más adornos ni florituras modernas. Otra cosa es que deseemos estar al día en lo último y ante esto yo aconsejo mejor asistir a un gimnasio, que otro día hablaremos de la diferencia entre practicar yoga en un centro especializado en esta disciplina o ir a realizarlo en un gimnasio.
Hay que desarrollar la paciencia. No vamos a conseguir en diez sesiones lo que hemos estropeado y maltratado durante años. No hay que tener prisa, debemos dejar que cada postura se vaya adaptando a nuestras circunstancias físicas y después ir mejorándola, no debemos de competir contra nosotros mismos.
Presta atención a qué músculos son los que realmente están haciendo el trabajo en determinada postura, y aprende a relajar el resto…siempre digo a mis alumnos que “podemos trabajar con los brazos sin tensar los hombros”.
Con el tiempo y si tenemos la suficiente paciencia y compromiso, en nuestra práctica podremos penetrar en nuestro interior y disfrutar de cada postura, porque cada una de ellas nos hará sentir de forma diferente, podremos “vivirlas” y disfrutar con su realización.
No debemos esperar adelgazar, relajarnos, concentrarnos, obtener flexibilidad….acerquémonos a su práctica abiertos, con ganas de aprender a conocernos, de poder sentir y dialogar con nuestro cuerpo, de cambiar actitudes y patrones de conducta, de mejorar como seres humanos….”todo lo demás” vendrá por añadidura.

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga y Pilates.