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“El guardián de la Puerta”

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Puede que el título de pie a pensar que voy hablar de mundos fantásticos o de magia, pero no es así…o tal vez sí. Porque esto va de la magia de la vida, de las pequeñas cosas, del respirar, del caminar, del sentir, del vivir, de tomar decisiones…eso es magia pura, magia divina.
Siempre he dicho que cuando tomamos la decisión de salir de nuestra horizontalidad y crecer en vertical, ya no hay marcha atrás. Nos podremos tomar un descanso porque las prioridades o circunstancias de nuestra vida nos lo demandan, pero ya se encargará la misma vida de avisarnos que tenemos que continuar con ese crecimiento, y lo puede hacer por las buenas; una y otra vez nos lo irá recordando con pequeños detalles animándonos a seguir y si no le hacemos caso, vendrá a recordárnoslo con un toque algo más dramático. Si hemos aprendido en nuestro camino advertiremos las pequeñas señales, si no es así quizás lo hagamos por lo dramático, o puede que ni con esas. Entonces nos pasaremos gran parte de nuestra vida amargados en esa horizontalidad que por miedo o comodidad hemos decidido mantener.
Ahora me doy cuenta de que lo peor que le pueden decir a uno cuando nos encontramos con algún conocido después de mucho tiempo sin vernos es que “nos ve igual” que “no hemos cambiado”. Mala historia, mi vida es plana si me dicen eso.
El taller de kundalini yoga que se realizó ayer no ha venido a removerme algo que tuviera escondido, sino a recordarme que lo que estoy haciendo está bien. Que las decisiones que estoy tomando, para bien o para mal, están bien. Y que los cambios que estoy tomando en mi trabajo, también. La energía que se trabajó fue la del invierno, la relacionada con los miedos, los estancamientos y bloqueos producidos por miedo a lo desconocido, a tomar decisiones.
Ya hablaré en otro momento de decisiones cruciales que he ido tomando últimamente, hoy quiero hablaros de otra cosa, de los guardianes de las puertas.
Tuvimos dos horarios de yoga debido a la aceptación del taller, uno de mañana y otro de tarde. Yo me incorporé al de la tarde y por la mañana actué como “la guardiana de la puerta”. Es decir, como la dueña del centro, atenta a todos los detalles, a la puntualidad, a que hubiera agua, papel higiénico en el baño, caramelos para la tos, cosas tan simples como que los móviles estuvieran apagados a pesar de que se dejen en los vestuarios…cosas así.  24272439-tailandesa-mitologia-guardian-estatua-en-el-templo-del-buda-esmeralda-de-bangkok-tailandia
Pero ¿qué es un guardián de la puerta? Suena a mitológico, pero está en nuestro día a día y todos actuamos como guardianes de alguna puerta en un momento determinado a lo largo del día. Una madre que se ocupa de que la mesa o la casa esté preparada para cuando su familia o invitados lleguen a comer, un celador en la puerta de un hospital cuidará de la adecuada recepción de los enfermos, el recepcionista de un hotel de la llegada de los clientes, el bedel de un colegio del orden en los pasillos o en el patio, un conserje en la sala de cine, un militar en la puerta del cuartel, incluso las Escrituras nos hablan de un guardián en las puertas del infierno y otro en las del cielo…..todos somos guardianes de alguna puerta en un momento determinado y de mantener el orden adecuado para que todo marche como debe ser, para que la excelencia tenga lugar.
Hace unos días ocurrió un pequeño incidente en el centro de yoga respecto a cómo debe ser la actitud de un alumno en la clase de yoga y bajo qué circunstancias es mejor dejar de venir un día determinado por alguna circunstancia en concreto.
Como “guardiana de la puerta” de ese espacio de yoga, estoy atenta a detalles tan pequeños que para algunos que vienen “de fuera”, entiéndase esto de la actividad diaria, les pueden parecer excesivos y pueden sentirse molestos o no deseen aceptar las normas porque las ven “muy serias”.
En alguna otra ocasión, después de algún incidente parecido he podido cuestionar mi actitud, pero esta vez, tenía el convencimiento de que estaba haciendo lo correcto y no me sentí mal en ningún momento, tenía la certeza de que había hecho lo correcto, porque una vez entro en mi papel de profesora de yoga, no soy “amiga” de nadie. Soy la persona en la que se confía para tener un momento de paz, para mejorar el estado de ánimo, para aliviar alguna molestia en concreto, etc. etc.
Mi papel es el de cuidar hasta el más mínimo detalle para que todos los que vienen a su práctica de yoga, salgan de la clase con la actitud cambiada, con la sensación de haber vivido un momento de paz, tranquilidad y de toma de conciencia, o como mínimo de toma sensorial-corporal.
El papel de “un guardián de la puerta” es poner límites, ordenar, hacer que los horarios se cumplan, que la actitud sea la correcta, que el profesor o profesora invitad@ no se sienta agobiad@ y si se da el caso llamar adecuadamente la atención a dicho invitad@ si está tratando un tema que no corresponde con el taller en cuestión.
No es nada fácil actuar como guardián, pero es una decisión que hay que tomar de forma consciente, con el corazón; para que no entre aquello que no debe de entrar y el taller de ayer me ayudó a reafirmarme en ese papel cuando actúo como tal. Me hizo consciente de que a lo largo del día, de la semana, de los meses….tengo que elegir entre los varios papeles que la vida me va poniendo por delante, me gusten más o menos, tenga o no miedo a realizarlos por el qué dirán o el qué van a pensar….y que tengo que seguir creciendo en vertical.
Gracias de nuevo Sat Dharma Singh por venir a “re-cordarme” cosas que en la vorágine del día a día se van olvidando, y gracias a todos aquell@s que con su asistencia a los talleres y a las clases me van ayudando en este camino.
María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga