¿Cuál es nuestra estructura corporal?

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Cada uno de nosotros tiene una estructura ósea y muscular marcada por nuestra forma de vida, trabajo, preocupaciones, strés y todo lo asociado a nuestro ritmo de vida. Y esa estructura va a generar distintas tipologías corporales y casi todas ellas por lo que he observado en los alumnos vienen marcadas por exageradas curvaturas tanto en lordosis como cifosis, dando lugar a compensaciones para intentar evitar “las molestias” que dichas curvaturas exageradas nos van a producir.
He observado de todo tipo de tipologías corporales en las clases, algunas muy definidas, otras menos pero en todas se observan si uno está atento, esas exageradas curvaturas que he comentado anteriormente.
Una de las que más abunda es la que estando el alumno de pie se deja caer hacia adelante “como empujando”. Ante esto, el cerebro creerá “que nos caemos” y mandará información a los músculos para compensar esa sensación y vamos a crear una especie de tirantes en nuestra cadena muscular posterior para evitar “esa caída hacia adelante”.
Cuando esto ocurre la tensión comienza en la planta de los pies, sobre todo en los dedos. Sí, en los dedos. Podéis hacer la prueba si lo deseáis: Sólo tenéis que descalzaros y poneros de pie con las piernas separadas en la línea de la cadera. Hay que colocar bien alineados los pies (que no estén hacia afuera). Cerrar los ojos y balancearos suavemente hacia delante y hacia atrás, (muy poquito no hay que exagerar). Llevar vuestra atención cuando vayáis hacia adelante a vuestros pies y observar que ocurre.  ¿Qué es lo que hacen los dedos? Observar sin prisas, sentir….¿A que se arquean cómo agarrándose al suelo? Pues ahí comienza todo. Así que si mantenemos esa estructura corporal la tensión seguirá y seguirá subiendo hasta las cervicales, implicando así a toda nuestra cadena muscular posterior e implicando a otras más de las que ya hablaremos.
Cuando lo anteriormente ocurre y para compensar esa tirantez iremos creando lordosis y éstas irán creando cifosis y escoliosis. Ahora os vais a sorprender con esto ¿sabíais que una de las lordosis más olvidadas y poco tratadas ocurren en los miembros inferiores? Pues sí, ahí ocurre.
En la tipología que estamos comentando, la de empujar “hacia adelante” tenemos tres lordosis muy pronunciadas…miembros inferiores, lumbares y cervicales, hay otra más pero ya hablaremos de ella más adelante.
Comprobemos: Poneros de pie como antes (descalzos recordar) y cerramos los ojos. Echar el peso de cuerpo un poco hacia adelante y manteneros ahí. Ahora sentir qué ocurre en vuestras piernas ¿se han arquedado?…¿desde dónde hasta dónde?….¿Qué ha ocurrido en las lumbares?…sentir, no hay prisas. ¿Qué ha hecho el cuello?…es más..¿hacia dónde han ido los hombros?….¿Y las mandíbulas?
Bien, sigamos. Para compensar esta situación la parte superior del cuerpo, las dorsales, se van a cifosar..van a crear una especie de chepa, el pecho se aplana y el abdomen sale hacia afuera. Pero ojo, según las compensaciones y adaptaciones que nuestro cuerpo adopte mostraremos diversas deformidades marcando en menor o mayor grados esas curvaturas. Increíble ¿verdad?
Cuando hay una excesiva tensión en el plano sagital nuestra columna se va a desplazar y torcer para compensar esa tensión y desplazará así mismo los miembros superiores desplazándolos respecto al plano sagital. De ahí la importancia de unos correctos ejercicios tanto de estiramientos como de posturas de yoga, y eso es lo que nosotros hacemos en nuestras clases. Primero escuchar, sentir, percibir y luego trabajar con atención, intención y respiración
Increíble ¿verdad?…seguiremos hablando 🙂
María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga y osteópata

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Estiramientos…

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Hace mucho tiempo que no publico por aquí pero había que asentar y ayudar a que “mi otro trabajo” fuera creciendo y desarrollándose. Pero bueno, lo que importa es que ya tengo más tiempo para dedicar a este blog.

El lunes pasado y tras el parón de Agosto volvimos a retomar nuestras clases de yoga. Y como siempre, para no variar vienen las mismas dudas, preguntas, miedos…

El tiempo me ha enseñado que no hay que intentar convencer a nadie de qué debe hacer, o por lo menos probar el yoga. Allá cada cuál con sus necesidades y dudas. Todos tenemos nuestro tiempo.

Hoy voy hablaros sobre algo que hacemos en clase y que cada vez los alumnos me demandan más y más debido a los beneficios que sienten y obtienen, y son los estiramientos de las cadenas musculares.

¿Por qué estirar? ¿Cómo estirar?

Nuestro cuerpo se ve comprimido por dos factores: por la gravedad y por su propia fuerza muscular: tensiones, contracturas, pérdida de elasticidad etc. Y para recuperar la armonía perdida necesitamos estirar y alargar.

Ante la palabra estirar, todos nos imaginamos a los corredores (profesionales o no) con la pierna apoyada en un banco y realizando pequeños rebotes o bien apoyados en un árbol realizando la misma operación. Eso no es estirar…es rebotar.

A menudo hablo a mis alumnos de la importancia de nuestros pies, en concreto de la parte plantar, la que nos apoya en el suelo y son muchas las veces que en clase y en posición erguida comenzamos a sentirnos desde esa zona de nuestro cuerpo y desde ahí vamos “observándonos” recolocando y alineando hacia arriba, hacia la cabeza. Así es como comienza un estiramiento global. ¿Y porqué global? Porque lo que le ocurra a nuestros pies si no es tratado afectará a la larga a nuestras cervicales y viceversa. Ellos, mis alumnos más antiguos ya saben de lo que les hablo, de que ningún músculo es ajeno a otro, de su porqué y de la importancia de tratarlos conjuntamente.

Dentro de las clases de estiramientos de las cadenas musculares que realizamos trabajamos con todas, pero hacemos especial incapié en dos: La posterior y la anterior.

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Cuando estiramos de pie alineando lo hacemos atendiendo muchísimo a la respiración para aflojar esas tensiones. Al principio puede causar agobio y mucho más entre quienes llegan a las clases “sin saber respirar” como ellos dicen.

Ya sabemos de la importancia del diafragma en nuestra respiración ( podéis leer sobre ello en https://tipherethblog.wordpress.com/?s=diafragma ) y la cantidad de músculos y articulaciones que pueden verse comprometidos en una mala respiración, pero hay algo que muy pocos saben o quieren saber, y es que a la respiración “no se la educa”. Es una estupidez pretender educar la respiración cuando las dos cadenas musculares mencionadas están en tensión y estamos “aplastados” “empujando hacia el suelo”, por eso siempre les digo que respiren a su ritmo. Que simplemente sientan, escuchen, disfruten…Se tiene que ser capaz de visualizar, englobar y sentir todo nuestro cuerpo: plantas de los pies, tobillos, pantorrillas, rodillas, muslos, caderas, columna….siempre hacia arriba..siempre atento, siempre consciente. Con intención, atención y respiración solo así podremos “darnos cuenta” de los defectos de nuestro cuerpo. Cuando esta atención o despertar el diálogo con nuestro cuerpo ocurre, el alumno se percata de que la gran mayoría de sus tensiones ocurren en la parte posterior del cuerpo: las piernas, los rotadores internos de las caderas, dorsales, cervicales y el músculo diafragma en la parte anterior.

Cuando vivimos sin percatarnos de que nuestro cuerpo es el que nos mueve y en el que vivimos, todas esas contracturas, acortamientos, retracciones, etc., etc., irán pidiendo paso cada vez de una forma más dolorosa: afectando al movimiento de nuestras articulaciones produciendo dolor e inflamación y cuando eso ocurre intentamos escapar de sus consecuencias con analgésicos, antiinflamatorios y reposo para después, cuando el proceso agudo cede, comenzar de nuevo con el círculo vicioso.

De ahí la importancia de estiramientos globales y es normal que el músculo contraído a veces “nos grite” y nos resulte doloroso intentar que recupere su armonía pero no por ello debemos de abandonar. Y como no, ponernos en manos de un buen osteópata o quiropráctico nos ayudará a pasar el momento agudo del episodio, pero si una vez recuperados no hacemos nada con nosotros volveremos a repetir todos los pasos para sentirnos mal de nuevo.

Seguiremos…

“La solución está en nuestras manos, no en las de fuera”

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga, quiromasajista y osteópata.

¿Qué es Tapping-EFT?

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Para el dieciocho de Noviembre tendremos un taller teòrico-práctico sobre Tapping y como muchos me han preguntado qué es lo que es Tapping y sobre qué trata, qué mejor que sea Pedro Sánchez, el formador encargado de dar el taller, el que nos explique de que va esta terapia. Así que me puse en contacto con él y le pedí que me resumiera todas nuestras dudas.
Espero que todas las preguntas hayan quedado satisfechas, pero aún así os recuerdo que nada mejor que un taller vivencial para poder sentir mejor de que va todo esto.

Os dejo el artículo

¿Qué es Tapping-EFT?
Tapping-EFT es una técnica de psico-digitopuntura que nos permite tratar autónomamente todo tipo de malestares y conflictos emocionales de forma segura, sencilla y muy efectiva.

¿Cómo funciona?

El tapping, siendo una técnica de psicología energética, integra en un mismo contexto terapéutico el abordaje psicológico (nos enfocamos mentalmente en aquello que queremos tratar) con intervenciones energéticas (estimulamos determinados puntos del sistema energético del cuerpo). Esta estimulación influye positivamente en el flujo de nuestra energía corporal y modifica la respuesta física (cerebro, órganos, células…) y psicológica (emociones y pensamientos) frente al asunto tratado. Una vez que hemos re-equilibrado nuestro sistema energético descondicionando nuestra respuesta frente al estímulo o problema podemos experimentar dicho asunto de una forma totalmente nueva y libre.

¿Para qué sirve?

El tapping es MUY versátil. Es imposible alistar en un párrafo sus posibles usos.
Esto se debe a que casi todos nuestros problemas o malestares están vinculados directa o indirectamente a nuestras emociones.
El tapping fue concebido como una técnica emocional, pero la experiencia después de más de 20 años de práctica nos confirma que atendiendo el malestar emocional se resuelven dolores físicos, enfermedades, hábitos indeseados, bloqueos de desempeño personal, artístico o profesional, ideas limitantes y un largo etcétera.
Gary Craig (creador de EFT) repite siempre: “¡¡Pruébalo con todo!!”
Silvia Hartmann añade: “Lo peor que puede ocurrir es que te sientas más relajado respecto al problema”.

 

SOBRE MI

Pedro Sánchez
Facilitador Multidisciplinar & Formador en Técnicas de Liberación Emocional
Fundador de la Escuela de Liberación Emocional “Libremoción”

“Estudié trabajo social en la Universidad de Alicante. Estudiar el conflicto social me ayudó a entender que los cambios profundos y trascendentes emergen desde el interior de cada ser. Por ello decidí formarme en aquellas disciplinas que estuviesen orientadas al cambio interno. Busqué los enfoques que tenían mayor grado de resolución para aprender algo que fuese realmente útil. Después de unos años de búsqueda hice algo que no se me había ocurrido hasta entonces: pedir aquello que deseaba. Así que pedí a la vida una herramienta que fuese sencilla y muy efectiva. El pedido no se demoró más de dos semanas. Estando en casa de unos amigos vi un video sobre EFT y supe que mi pedido acababa de llegar. Corrí a casa, descargué los manuales y comencé a estudiar y practicar EFT en mi mismo. Cuando me di cuenta del potencial de la herramienta y de cuanto me estaba ayudando en mi propio proceso me animé a ayudar a otras personas y más adelante (tras hacer tapping sobre unas cuantas ideas limitantes al respecto) me decidí a facilitar talleres para enseñar a la gente a usar esta herramienta. Unos años más tarde fundaría Libremoción, una escuela de liberación emocional concebida para facilitar el aprendizaje de estas y otras técnicas a quien desea aprenderlas de un modo práctico y sencillo. Hoy me siento profundamente agradecido de asistir a tantos procesos transformadores y de ser participe de esta revolución del bienestar cotidiano”

+sobre el tapping en: http://www.tappingterapia.es

Perdiendo el miedo y los complejos…

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¿Mamarrachos? en todas partes oiga usted, pero lo que más me preocupa son los otros mamarrachos, los que aplauden, esos son los que me acojonan y perdóneseme la expresión. Esos que van de progres y modernos, a los que les importa una mierda la Constitución, la bandera, las leyes y los Cuerpos de Seguridad del Estado y se sienten tan libres vomitando en las calles, en la tribunas o en las mismas Cortes toda la mierda que llevan dentro porque “la libertad de expresión” está tan de moda ahora. Esos son los que me dan terror, tanto o más como a esos que ellos llaman “fachas”. Y qué curioso que su inteligencia no les dé para reconocer que están donde están y puedan decir todo lo que su infinita sabiduría les sugiere gracias a esas leyes y a esa Constitución.

Tengo familia y amigos en la guardia civil y en el ejército. Esa guardia civil a la que todos, absolutamente todos progres o menos progres acudimos cuando nos sentimos en peligro o estafados. En ese ejército en el que si mi país, España, se siente amenazado sé que defenderán, (y no quiero olvidar que he tenido familia detenida en la postguerra “por rojo” y que a mi padre le amargaron la mili, porque su padre, mi abuelo, estuvo en prisión). Pero a lo que voy, ahora está mal visto hablar bien de ellos, de la guardia civil o del ejército, de mi país o de mi bandera por miedo o por complejo de que se nos llame “fachas” y se nos tilde de retrasados culturales o sociales.

Tengo también muy buenos amigos en el PP, en el PSOE, en IU, en UPYD, en Podemos y en Ciudadanos y me siento fatal cuando alguien, sea quien sea, insulta a uno de ellos, lo percibo como algo personal y no puedo entender que alguien que supuestamente nos representa actúe de esa forma, pero así somos: inteligentes, comprensivos, empáticos….

Si he votado al PP en su momento, no tengo por qué irme a la mierda, como encabeza una página de una red social muy utilizada, si he votado al PSOE no soy un obrero resentido y si he votado a IU no soy de los que piensan lo tuyo es mío y a vivir de las rentas. Pero lo que más me entristece es que cuando salieron estos nuevos partidos, hasta me alegré de que “savia nueva” pudiera mejorar la situación actual. Pobre ingenua, y no es por nada, porque algunas cosas de las que están haciendo están bien, pero en la gran mayoría están actuando como decía Eric Fromm, que más o menos es algo así como que “aquel que llega al poder actúa de igual forma que el que estaba, pero desde el otro lado”, es decir, derribando, destrozando o eliminando todo aquello que no va con sus ideas, sin pensar que están gobernando para todos, para los que le votaron y para los que no. Pero luego se extrañan que hayan perdido adeptos y bajen en las encuestas, pero es que su inteligencia no da más de sí.

Y que todo esto ocurra, puedo hacer un sobreesfuerzo y entenderlo, pero de ahí a que se acuerden a voz en grito de los difuntos de la guardia civil y que la autoridad que ha permitido que eso ocurra haga un gesto de humor, pues no, mire usted, no me da la gana ni entenderlo ni aceptarlo. Porque esos difuntos, también son los míos y yo no me he acordado de los suyos. A mí me enseñaron educación, respeto y que la libertad de expresión no está reñida con la buena educación y que por cierto me enseñaron en un colegio público, no vayamos a mal pensar.
He pensado mucho en escribir esto, porque tengo un negocio y siempre está la cosa esa de que si lo digo voy a perder clientes, ¿pero sabe qué?..eso es miedo y si algunos han perdido el miedo y la vergüenza, yo no tengo porqué cargar con la de ellos y la mía.

 

María José Rodríguez Pujante, profesora de yoga y familiar de los Cuerpos de Seguridad del Estado.

Diario de un curso..(1)

 

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Bueno, pues aquí estoy… Un año más, un nuevo curso, con las mismas ganas que el año pasado de apuntarme hacer aquello que hace varios años deseo y tengo hacer por prescripción médica. Aquello a lo que todos los años llamo por teléfono y pregunto horarios y precio y que cuando ya lo sé (que ya lo sabía) pues respondo que tengo que decírselo a mi amiga por si desea acompañarme, porque yo ya llevo varios años pidiéndole que me acompañe, pero es que a ella “eso no le va”, de forma que aquí sigo año tras año, curso tras curso, contándole a esta persona (que imagino tiene que estar hasta los mismos de mí, pero que me da igual) los mismos problemas que le conté el año pasado y el anterior y el anterior al anterior, pero ahora más agravados porque el tiempo no pasa en balde y cuando hay problemas degenerativos la cosa va a peor, pero yo sigo haciéndole las mismas preguntas, contándole los mismos miedos, las mismas dudas, incluso si me deja y no me corta le hablo hasta de mi marido y los problemas que me da, porque el otro día ya hasta me gritó enfadado que a ver cuando me decido de una puñetera vez hacer algo con este problema, pero es que el no me entiende.
Y sí, ya llevo tres cursos llamando y haciendo las mismas preguntas, no entiendo porqué se ha enfadado y me ha dicho que le llame en Agosto..¡qué desagradable ha sido! ¿Acaso no entiende que tengo que pensarme las cosas?

 

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga

Convivir con el dolor…..2ª parte

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Continúo donde lo dejé…. pues aquí que me presento con todos mis dolores y síntomas en medicina interna. Un doctor genial, amable, cercano y empático. Casi dos horas de consulta y me dice que tengo todos los síntomas de ser celíaca. A cuadros me quedé ya que nunca había tenido ni tenía problemas con el estómago. Me envía un montón de pruebas y la dieta sin gluten. A la semana de comenzar la dieta prácticamente todos los dolores desaparecieron y yo no me podía creer lo que era bajar el dolor del “nivel 5” que os comenté en el artícuo anterior. Vuelvo a por los resultados y seguimos con lo mismo..muchos síntomas, muchos frentes pero nada a “lo que poner nombre”, eso sí, yo me encontraba muchísimo mejor y sin tomar nada, parecía como si el gluten fuese el culpable de todo lo que había pasado hasta ese momento, así duré dos años….poco a poco vuelven los dolores de huesos, músculos, tendones, ligamentos, piel…y con efecto rebote, es decir, disparados.

Vuelvo a él, más pruebas, más especialistas y “artritis enteropática” como diagnóstico añadido y medicación…cortisona, antiinflamatorios, antipalúdico y protector gástrico…y fuí consciente, muy consciente de que tenía que tomar lo recetado. Y lo hice muy a mi pesar….pero los brotes continuaron y con ellos las pruebas médicas para no llegar a nada claro, seguíamos en la “enfermedad autoinmune inespecífica”, y si en un principio comencé con lo mínimo de cortisona, fueron subiendo la dosis para ir “atajando el problema”.

Entre esto tuve que ir “acomodando” mi día a día al problema sobre todo de las manos, pequeñas cosas que me ayudaban a trabajar lo mínimo con las manos, cosa harto imposible..como por ejemplo, cambiar la cafetera o el mecanismo de la cisterna del inodoro que era de botón y yo no podía presionar para que bajara el agua…tal era el dolor en las manos.      dolor-articular

A primeros de Julio esto se desbordó, tuve un brote terrible en el que ni podía cerrar la puerta de mi casa, porque el dolor no me dejaba realizar el giro de la cerradura, no podía presionar para sacar las pastillas de su blister, sujetar un plato para fregar o ponerme la ropa interior, apareció el brote de nuevo en la piel, la inflamación en todo el cuerpo…y el agotamiento, ese terrible agotamiento que anula toda nuestra persona.

Me voy sin cita previa a reumatología, un doctor encantador y también muy cercano, que como sabe el proceso que sufro, decide añadir a los medicamentos que ya tomo, un inmunosupresor para bajar mis defensas y que no me sigan “atacando”.

Y al salir de allí, fué cuando me dí cuenta de que no, ese no era el camino, porque en ese caminar buscando un diagnóstico me estaba fastidiando más que mejorando. Por lo que bajo mi responssabilidad, únicamente bajo ella, decido dejar el antipalúdico y el antiinflamatorio que ya estaba tomando, no tomar el inmunosupresor y bajar la cortisona al mínimo y volver al mundo de la llamada “medicina natural”. Me acerqué a una herboristería y compré los antiinflamatorios naturales que creí que debía tomar, así como otros elementos que sabía que me vendrían bien y seguí practicando yoga y estiramientos de las cadenas musculares….Y aquí estoy, mucho mejor anímica y físicamente…ah, y tengo cita la semana que viene para visitar a una doctora homeópata.

Sé que tengo el problema, que tengo una enfermedad autoinmune con muchos síntomas de otras enfermedades y que como bien dijo uno de mis doctores: “hasta que algún día una dé la cara”. Puede que con los años tenga que ponerme en vena el inmunosupresor y cualquier otro medicamento, pero de momento tengo que coger yo las riendas de todo esto y negociar con lo que tengo, porque me aterran más los efectos secundarios de lo que estaba tomando que los dolores en sí.

He tenido que llegar a oir “que no me dolería lo bastante” de mujeres que se han acercado a preguntar por el yoga con más miedo que ganas (y porque el doctor se lo había recomendado) porque no entienden que a pesar de mis dolores ni uno solo, ni un solo día he dejado de trabajar a pesar de que han querido darme la baja. De que “el dolor de ellas” es insufrible…el mío no. De forma, que ya no vendo nada, ni intento convencer a “esas sufridoras” de que a mí también me duele. Ya me da igual que les duela y de saber que el yoga y los estiramientos que hacemos les vendrían de maravilla y que ayudan a sobrellevar el dolor y a que el cuerpo no colapse y se “cierre” del todo. A esas personas que sufren más que ninguna y que más que nada vienen a preguntar para “cubrir el expediente” y a contarme toooodo lo que sufren y el porqué no pueden hacer yoga ni estiramientos ya no deseo escucharlas, ni dedicarles mi tiempo, ni mi energía.

Suena duro leer esto en una profesora de yoga a la que se le presupone que tiene que ser tolerante con todo ¿verdad?….No, nos equivoquemos. El yoga me ha dado también ese punto en el que poner límites sanos y ayudar a quien realmente quiere ayuda y para esto último, siempre, siempre estaré por aquí. Mi energía, mi tiempo, mis ganas y conocimiento estarán a disposicion de quién desee trabajar consigo mismo, ayudando al doctor en su proceso y no dejando toda la responsabilidad de su curación en manos de aquel.

Ya os iré contando, porque a finales de Septiembre tengo que volver a medicina interna, y tendré que contarle al doctor mi decisión.

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga

 

Convivir con el dolor…..I parte

 

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Quiero contar mi experiencia y convivencia con el dolor, pero no sé por dónde comenzar, lo primero que se me viene a la cabeza ahora mismo fue una frase que me dijo mi doctor de medicina interna cuando le visité la primera vez: “tú te has acostumbrado a vivir con el dolor”…me dejó noqueada. Era cierto, ya no recordaba lo que era vivir sin dolor. El escribir esto más que para ayudar a nadie lo hago para ayudarme a mí misma, una forma de soltar lastre y quiero enfatizar que lo que he decidió hacer y que más adelante os contaré, no debe de realizarlo nadie. Esto es una decisión personal, bajo mi responsabilidad, no se trata de que desee animar a nadie a que haga lo mismo que yo he hecho, porque cada uno conoce su cuerpo y se conoce así mismo, y yo me conozco muy bien.

Para entender todo el proceso vivido tengo que trasladarme a cuando tenía 18 años, ahora tengo cincuenta y seis, o sea, que ha llovido varias veces desde entonces. Voy a intentar resumirlo lo más brevemente que pueda…

Todo comenzó cuando tenía 19 años. Un eccema muy agresivo me invadía la cara hasta tal punto que me la deformaba. Cuando el brote surgía tenía que ir a urgencias del hospital y allí con una inyección de urbasón la inflamación bajaba. Visitas al dermatólogo, pruebas y más pruebas y diagnóstico: eccema atópico. Recuerdo el tratamiento: Dexatavegil y daktarin crema…así durante años y entre brote y brote inyección de urbasón. Hasta que un nuevo médico de cabecera que llegó a la zona me dijo que no podía estar tomando cortisona toda la vida y me explicó el porqué.

Sea como fuere los brotes agresivos desaparecieron y el eccema aunque con menos intensidad de vez en cuando aparecía en la cara y también entre los dedos y la cara interna de los codos.

Bastantes años después y ya viviendo en Murcia vuelven aparecer, sin tanta intensidad como en la primera época y como coincidió con una etapa emocional complicada decido ir a un psicólogo. En la sala de espera me pongo a pensar y pensar…me levanto sin llegar a verle y me marcho. Decidí ir a un acupuntor. No me preguntéis el porqué de ese puntazo, simplemente surgió y decidí visitar a uno.
Este acupuntor puso orden en ese momento en mi estado de salud. Me recetó varios productos naturales y me animó hacer yoga. Le hice caso, entre práctica y practica de yoga, estudié neuropatía, acupuntura, reflexoterapia, briología, quiromasaje y entre medias me hice profesora de yoga (años después estudié osteopatía). El caso es que pasé dos años muy, muy buenos. Un día limpiando una ventana balcón en casa me incliné para limpiar la parte de abajo y recuerdo que ya no podía levantarme…así de golpe y sin más. Poco a poco me levanté y miré mis rodillas…estaban totalmente hinchadas. Llamé al médico y me dio cita para el día siguiente…a la mañana siguiente al despertar tenía las rodillas, las manos y los codos inflamados, amén de una rojez en el rostro como si fuera una mariposa pegada a él.

Me derivó a medicina interna de forma urgente. Un médico amable y entregado que después de un montonazo de pruebas descartó que padeciera LES, artritis reumatoide y otra enfermedad cuyo nombre ni recuerdo me diagnostica “enfermedad autoinmune inespecífica”. Me recetó una serie de medicamentos que no tomé…hablé con él le dije a lo que me dedicaba (en aquella época además de dar clases de yoga, tenía consulta como naturópata) y que prefería intentarlo con mi método. Recuerdo lo que me dijo: Nosotros no te podemos ofrecer nada que pueda quitar este problema…sólo cortisona, calmantes y protectores gástricos…toma lo que creas que te puede venir bien pero dentro de seis meses quiero verte aquí.” El tratamiento que yo me autoimpuse fue duro, muy duro, pero todo natural y sin efectos secundarios. A los seis meses volví y no podía creerse lo que logré. Me repitió las pruebas de un principio y todo estaba normal. Diagnóstico:”nos habremos equivocado en el diagnóstico y no tendrías enfermedad alguna”…pues vale.

Pero yo ya sabía que algo se había desencadenado y que era cuestión de tiempo para que diera la cara. Seguí cuidándome y tomando elementos naturales para prevenir, pero con todo y con eso volví a tener crisis alguna más fuertes que otras. 262_producto_normal

Pero llega la pre-menopausia y con ella todo se descoloca…Unos años antes de que tuviera alteraciones con el periodo aparecieron los primeros dolores musculares, al principio no muy intensos, luego fueron a más y se iban complicando con dolores tendino-ligamentosos. En esa época ya estaba viviendo donde ahora y ya no pasaba consulta, solo me dedicaba a las clases de yoga, taichí y de estiramientos musculares, así que decidí acudir al médico de cabecera, este me deriva al reumatólogo, más pruebas y el mismo diagnóstico: Enfermedad autoinmune inespecífica y el mismo tratamiento que ya conocía. Yo ya estaba hasta los ovarios de este nombrecito. Así que decido de nuevo tomar de nuevo las riendas de mi salud y no volver al médico. Todo bien, los dolores remitieron, pero no desaparecieron tal y como ocurrió con el primer brote y desde entonces siempre tenía como una especie de “agujetas” que sabía que no eran normales y que algunas veces me producían hasta fiebre.

Llega la menopausia y con ella el horror.

Los dolores se volvieron insoportables. El umbral del dolor cambia de una persona a otra, así como la forma de relacionarse con él y sobrellevarlo. Sé que hay dolores horrorosos y que a cada uno le duele el suyo. Yo no he llegado a tomar todavía morfina, por lo que imagino que los hay peores que el mío, pero para que podáis entenderme voy a poner a mis dolores número del cinco que sería el soportable hasta el diez que es el de “aquí me muero”. No pongo por debajo del cinco porque hace ya diez años que no sé lo que es vivir sin dolor.

Pues bien…el dolor me despertaba por la noche, tenía que agarrarme un lado del cuerpo para poder darme la vuelta en la cama porque si no lo hacía así, me daba la sensación que la parte que estaba en contacto con la cama se me desgarraba al intentar girar. Debía de levantarme un mínimo de treinta minutos antes de la hora normal y comenzar a caminar por el pasillo agarrada a las paredes para “ir calentando y flexibilizando los huesos y músculos”. Lo curioso es que aquí no había inflamación articular a pesar de la rigidez ósea. No podía estar mucho tiempo sentada porque me “quemaban” los isquiones, no podía caminar durante mucho rato porque “me quemaba” el sacro y las piernas no me respondían, también sabía que la cabeza del fémur en contacto con la cadera no andaba muy sana. Pero lo que peor, lo que peor llevaba era el agotamiento. Un cansancio que me anulaba y colapsaba. “Algo” se llevaba mi energía de tal forma que me daba igual comer o no, solo quería llegar a casa y dormir…pero claro, el sueño no era reparador, de nada servía pasarme el fin de semana durmiendo si quería, daba igual..Siempre estaba cansada…Y esto ya no solo afectaba a mi salud, sino también a mi vida personal y familiar. No quise tomar nada natural y con todos esos síntomas ver si esa “autoinmune inespecífica” daba la cara de una vez…pues ni con esas, todo negativo. Y así fui tirando otro par de años, con días malos, pongamos un nueve y días menos malos, pongamos un siete.

Hace tres años a todo lo descrito más arriba se le suma inflamación articular muy, muy dolorosa en las manos…los dedos comenzaron a inflamarse y deformarse, en las uñas de las manos y pies aparecieron lo que en un principio pensé que eran hongos, y comencé a perder la línea del cuero cabelludo y las cejas. Entonces sí que me asusté y muchísimo, porque ya no podía ni agarrar las mantas de la cama a media noche si el frío me despertaba, tal era el dolor y la pérdida de fuerza muscular. Así que pedí ayuda a una alumna de yoga que trabajaba en el hospital y le pregunté si me podía buscar cita con un doctor de medicina interna…..y aquí os voy a dejar, porque ahora es cuando empieza “lo divertido”. Solo añadir que cuando venís a pedir información sobre clases de yoga y me contáis sobre vuestros dolores, sé y muy profundamente de qué me estáis hablando y que puedo decir sin temor a equivocarme, que gracias al yoga y a los estiramientos de las cadenas musculares, todavía me tomo esto con humor y que estoy “demasiado bien” para cómo podría llegar a estar…lo dicho, mañana parte del desenlace de todo esto y mi decisión final…que de momento va funcionando.

 

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga