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El yoga de la inmediatez

Concepto extraño, de hecho no existe ese tipo de yoga, pero vamos a tener que inventarlo para cubrir expectativas. Nunca dejará de sorprenderme que en pleno mes de Agosto y cuando prácticamente todo está bajo mínimos, por lo menos en mi ciudad, sean muchos los que llamen solicitando información sobre las clases de yoga. Puede que sea debido a que se tiene tiempo libre y entonces uno va haciendo planes para ocupar su tiempo en algo cuando vuelva del periodo estival o simplemente por curiosidad, pero ocurre. Una intenta responder a ese interés lo mejor que puede explicando qué tipo de yoga realiza en sus clases y cuál es el objetivo a conseguir o que por lo menos intenta lograr.

Comenzamos nuestro mes vacacional totalmente estresados, bloqueados, contracturados y por qué no decirlo…equivocados, porque todo lo que nos prometimos no volver hacer lo hicimos. Somos muchos los que pensamos que el año no comienza en Enero, sino en Septiembre, y durante el mes de vacaciones vamos trazando nuestro mapa para el próximo año con futuros planes a realizar. En Septiembre comenzaré esto…aquello…lo otro…total, que antes de que llegue dicho mes ya tenemos todo nuestro tiempo ocupado por lo menos a nivel de planes y con un grado de ansiedad mayor que cuando terminó Julio, pero a lo que vamos…

Pregunta obligada del nuevo alumno a la persona a quien solicita información….”Pero ¿me voy a relajar?…porque yo no me relajo ni durmiendo”.  Aquí si se es honesto solo hay un camino y es responder NO, no te vas a relajar, por lo menos el primer mes. Puede que baje su nivel de energía, que logre aislarse durante un par de minutos de las preocupaciones del día a día, pero lo que es disfrutar y relajarse en una clase de yoga, requiere tiempo, atención e intención.

En el yoga no nos sirve el lema insertado en la publicidad del último teléfono móvil o tinte de pelo “lo quiero y lo quiero ya porque yo me lo merezco”. Esto es un trabajo, a fin de cuentas como todo, pero es un tipo de trabajo diferente. Se requiere “autorresponsabilidad”, para con nosotros mismos, y ese nosotros mismos engloba a todos los aspectos de nuestro ser: el físico, el emocional, el mental y el espiritual, por lo que se requiere una práctica y disciplina interna así como una mínima asiduidad a las clases. Siempre me ha gustado decir que el yoga es una especie de inversión en nuestra salud y que nos va a dar aquello que necesitemos porque si cumplimos esos conceptos de práctica, disciplina y asistencia, lo demás vendrá solo, simplemente tenemos que darnos la oportunidad para que ello ocurra y en ese concedernos una oportunidad no valen las prisas, la inmediatez. Es por esto último por lo que terminamos nuestro año laboral como indiqué más arriba. En nuestro día a día hay un objetivo que cumplir bien sea laboral, familiar o social y prácticamente todo se realiza con prisas, sin atención, sin ser totalmente conscientes de aquello que estamos viviendo.

Así que no, no te vas a relajar en la primera clase de yoga, y puede que ni en las cinco siguientes, pero seguro que si lo intentas sin prisas, sin quererlo para mañana, la percepción corporal, respiratoria, emocional y sensitiva que puedes ir despertando te sorprenderá y si continúas, percibirás como tu cuerpo te va agradeciendo ese espacio que le concedes y te lo revertirá en lo              que me gusta llamar “una atención en calma”. Si decides empezar desde esta perspectiva estoy segura de que disfrutarás de tu viaje por el mundo del yoga.

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga