jabón artesano de naranja y canela

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Hay cosas que quedan en la memoria y que con el transcurrir de los años se hacen más nítidas y presentes, quizás sea debido a que con la edad los recuerdos lejanos se hacen más presentes que los cercanos y vamos tomando más conciencia de la impronta que nos legaron nuestros padres con sus gustos, manías, sueños e inquietudes.
En mi caso son muchos los legados que heredé de mi padre, unos mejores que otros, pero ya se sabe, nadie es perfecto; el gusto y el amor a la lectura, la pintura y la música es algo que en nuestra casa se vivió desde chicos y que todos mis hermanos y yo sentimos en mayor o menor medida. Pero si hay algo que recuerdo es su capacidad de crear algo de nada. Era muy chica cuando comenzó a crear jabones para limpieza y son muchas las imágenes que se agolpan cuando hecho la vista atrás, es más, si lo deseo, todavía puedo despertar incluso los aromas de aquella época. Comenzó con algo tan básico como digo, como el jabón para lavar en escamas y puedo recordar casi todo aquel proceso y el olor tan fuerte que desprendía la caldera cuando elaboraba toda la mezcla, y como después salía por una lengüeta hasta unos cubos para ir endureciéndose y a continuación, cortarlo en trocitos muy pequeños y ponerlo a secar en el patio que había detrás de casa, lo curioso es que no recuerdo como los cortaba hasta convertirlos en escamas de jabón, pero sí me acuerdo de mi madre junto a una vecina sentadas junto a una caja llena de esas escamas y meterlas a mano en bolsas para después venderlas.
En aquella época no existía internet y éramos de los pocos que teníamos teléfono en el pueblo, por lo que me cuesta entender cómo se las ingeniaba para vender aquello; mi madre dice que al principio comenzó repartiendo en una bicicleta por el pueblo y alrededores hasta que pudo comprarse un coche e ir ampliando el negocio que después, derivó en la creación de una empresa dedicada a la fabricación de productos de limpieza industrial abandonando la fabricación de jabones.
Todo esto viene a cuento porque desde hace ya varios años he sentido “una necesidad” de fabricar jabones. No sé exactamente cuando esa idea fue despertando en mi interior: le daba vueltas, la abandonaba poniendo escusas de todo tipo, volvía con más fuerza y volvía abandonarla, y así una y otra vez hasta que me dije que había que dar salida a ese proceso que bullía cada vez más fuerte. Entre medias, los recuerdos que he comentado se hacían cada vez más persistentes acompañándome en cualquier momento del día e incluso puedo llegar a decir sin miedo a parecer ridícula, que sentía a mi padre sonreír y susurrar “hazlo ya”.
Y como soy de las que piensan que la creatividad es uno de los caminos que utiliza el alma para expresarse, me puse manos a la obra. Busqué, leí, investigué y en la imagen está el resultado final: jabón de naranja y canela, elaborado con aceite de oliva y aroma y colorante alimentario. Lo hice con algo de temor por si no saponificaba bien, quedaba blando o muy duro, pero no, todo fue perfecto y quedé encantada….el problema es que lejos de apaciguar la necesidad, ésta va en aumento…

María José Rodríguez Pujante. Profesora de yoga
El aroma y colorante alimentario que he utilizado son de la marca Chef delíce. http://www.chefdelice.es

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