Nosotros y la Cábala

En la Cábala se dice que la creación no está terminada y que nosotros vamos creando el entorno por el cual el universo se va perfeccionando. Eso ocurre cuando nos apoyamos unos a otros, cuando el fuerte ayuda al débil y el débil aprende a ser fuerte.

Las herramientas que propone la Cábala para crecer y ayudar a nuestra transformación y por ende lo que nos rodea son las diez Sefirot del árbol cabalístico: las energías de la mente y la emoción. Cada uno de nosotros somos energías, flujos espirituales llamados Sefirot y  estos flujos son la materia prima del cosmos, del mundo, de la energía, de  la materia y con la que se crea nuestra personalidad individual. Las Sefirot se sirven del Alma para dar vida a nuestro ser y lo realizan atravesando los cuatro reinos de manifestación: Atzilut (voluntad divina) Beriya (mente), Yetzira (emoción) y Assiya (tiempo, tierra, espacio). Nuestra manifestación humana tiene lugar en el reino de Assiya y son las Sefirot de este reino las que determinan lo que somos.

Nuestra alma es como un cordón que une el reino superior con nuestro interior y como vehículo de expresión de estos diez flujos espirituales, esas energías se individualizan en nosotros como diez cualidades de la personalidad (flujos de mente y emoción). Estos diez flujos o Sefirot se dividen en tres mentales conocidos como: Chochmá, Biná y Da´at. Los siete restantes son los de la emoción: Hessed, Gevurá, Tiphereth, Netzach, Hod, Yesod y Malchut.

Para los cabalistas el ser humano es el comodín de la creación, cada uno de nosotros tenemos un equilibrio diferente de flujos de mente y emoción, en función de nuestro nivel de sabiduría o necedad, es en este reino donde adquirimos consciencia y capacidad de decidir.

El estudiante de Cábala explora los mundos superiores, espirituales y las fuerzas que modelan el Cosmos, estudian como orientarse en su quehacer diario en el mundo físico de forma correcta para que el Divino (o la Vida) pueda manifestarse a través de ellos. Ellos saben que el mundo físico es una imagen finita de los reinos infinitos y que cuando se van vislumbrando los reinos superiores y como actúan “allí arriba” los trabajos espirituales se comprende el paralelismo que hay con el trabajo que se realiza aquí en el mundo físico.

“Cuando creemos en nuestras imágenes generamos nuestra realidad”.

maría josé rodriguez pujante

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