MOVIMIENTO, SENSACION, SENTIMIENTO Y PENSAMIENTO………Segunda parte

Cuando nacemos nuestro cuerpo posee una armonía natural que va perdiendo a lo largo de su vida y una vez que esto ocurre solo puede recuperarla restableciendo la espiritualidad del cuerpo, (no confundamos espiritualidad con religiosidad) ya para ello tenemos que entender que movimiento, sensación, sentimiento y pensamiento van unidos en todas nuestras acciones. Nuestros movimientos se vuelven mecánicos sino hay sentimiento, tenemos que aceptar sin miedo a que nos tachen de “raros” que la salud está relacionada con la espiritualidad. Si perdemos el contacto con todo lo que nos rodea provocaremos desequilibrios en nuestra salud física y mental. Las culturas orientales  conocen esto y perciben la salud como un estado de equilibrio o armonía entre todos los seres, entre lo individual y lo universal. Para los occidentales la espiritualidad va unida a la religiosidad y por lo tanto a la creencia mientras que para los orientales es una cuestión de sentimiento. El hombre occidental concibe la salud corporal en función de la buena condición física, mantenerse en condiciones para el trabajo de la vida, de forma totalmente mecánica. Sus ejercicios se basan en ir a un gimnasio “a ponerse en forma” con pesas u otros aparatos. Los ejercicios orientales sin embargo, como el yoga, el tai chi, etc., reflejan el interés de la persona en la cualidad espiritual del cuerpo.

Expresamos nuestros sentimientos y emociones en nuestros movimientos. En cualquier situación angustiante y tensa, nuestra postura será cerrada estará a la defensiva, encorvada, pero en una situación alegre nuestro cuerpo se expande, se abre. Nuestro cuerpo habla por nosotros, los especialistas dicen que “el cuerpo nunca miente” y que toda experiencia por la que pasamos afectará a nuestro físico aumentando nuestra salud si dicha experiencia es grata con un aumento de energía o mermándola si es desagradable. Los problemas surgen cuando estas reacciones negativas quedan bloqueadas dejando su marca en tensiones musculares crónicas. Entonces el músculo queda bloqueado y esa zona muscular irá perdiendo su sensibilidad quedando anulada, aunque ese momento no sintamos nada en particular, excepto una “contractura aguda” que nos puede solucionar el especialista. Años más tarde cuando el músculo se ha debilitado sobreviene el dolor, pero para entonces somos incapaces de establecer una conexión entre el dolor, la tensión y la supresión del sentimiento que nos produjo años atrás cualquier situación traumática. Al establecer que todos nuestros problemas mentales pertenecen al campo de la psicología y los físicos a la medicina orgánica, negamos esa unidad del individuo con  El Todo y nunca podrá existir una verdadera sanación e ahí que muchos profesionales de la salud acepten que la enfermedad solo intenta sanarnos de la emoción que la ha engendrado y que el dolor en el plano físico es siempre el reflejo de un dolor moral que no ha encontrado otro modo de manifestarse.

Los que han optado por estudiar al ser humano desde una perspectiva más global, el síntoma es un desplazamiento, una manera desplazada de decirse a uno mismo algo que no puede decirse de modo más sencillo y sin que lo sepamos de un modo consciente, elegimos el órgano en el que va a aparecer la enfermedad. La elección no es casual, corresponde a nuestra percepción inconsciente de ese órgano, o de su función. Aquello para lo que sirve el órgano lo utilizamos como una metáfora para expresar nuestro mal-estar. Por medio de la enfermedad, de eso que nos produce mal-estar, nos justificamos, justificamos lo bien fundado de los sentimientos que experimentamos. La enfermedad aporta la prueba de nuestro sufrimiento, pero de todo eso no somos conscientes, y el precio a pagar es enorme.

El fin a conseguir es un cuerpo vital, capaz de experimentar plenamente los gozos y penas de la vida, de “darse cuenta”, como dirían los gestaltistas, el análisis de los conflictos reprimidos, la descarga de los sentimientos reprimidos, y la disolución de las tensiones y bloqueos musculares crónicos, tienen como fin aumentar la capacidad de una persona para conseguir su armonía natural.

Ser incapaces de girar la cabeza de un lado a otro sin mover los hombros o sentarnos en cuclillas sin levantar los talones del suelo son dos ejemplos de que nuestra coordinación muscular y nuestra armonía deja mucho que desear.

 Una vez que hayamos aprendido a vivir en armonía con nuestro cuerpo y sepamos lo que podemos esperar razonablemente de él, lo utilizaremos en toda circunstancia en la forma correcta que necesita para su buen funcionamiento. Sentiremos entonces un grato bienestar que aumentará nuestra autoconfianza, dándonos más capacidad para superar dificultades y aprovechar oportunidades. La mayor parte de nosotros tuvimos cuando niños esas atractivas cualidades..

María José Rodriguez Pujante. Profesora de yoga

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